jueves, 3 de abril de 2014

PERIMONTUY TA ÑI LAMGEN




Mabel García (presentadora) y Maribel Mora Curriao
Fotografía: Erwin Quintupill

Por Erwin Quintupill
quintupillerwin@gmail.com

Habiéndome hermanado nuevamente con el mate amargo, me pongo – otra vez – a pensar en eso del perimontun[1]. Cuando niño supe del miedo de ir por los rincones, solitario, con la posibilidad de tener un avistamiento con lo desconocido. “Visiones” le llamaban en castellano; pero, como casi todas las traducciones, apenas se aproxima al significado de la experiencia.

Mamá y papá solían hablar de estos asuntos, principalmente en las horas del comienzo de la noche, junto al fogón, mientras mateaban o simplemente conversaban. A ratos me advertían sobre los peligros; pero, jamás me dijeron que había que ir con temor, sólo con precaución. No debes entrar como loco a cualquier sitio; todo tiene un gen[2]. Y si llega a ver algo extraño; por ejemplo, una gallina en un lugar en que no debe estar; entonces, tiene que alejarse y avisar; porque el perimontun puede ser malo y en ese caso hay que hacer algo.

Se dijo que esa noche en que a José le hicieron macitun[3], hubo “visiones” de luces; que desde el alto bajó una bola de fuego o de luz y rodó hasta la “laguna”[4]. Se contó que Miguel “Tropa” se apareció a su gente, después de haber fallecido, que estuvo en las proximidades de su casa. Eso debió ser también una forma de perimontun, en este caso el alwe[5] del finado. Mi padre me dijo que una tarde de verano, en sus años de juventud y en época de cosecha, vio un uyuce[6]. Tiene forma de tizón, me contaba o como de un cigarro grande que avanza no muy rápido[7]. Fue allí, “al otro lado”; apareció desde allá, del lado este y avanzó hacia “Millacoy”[8] y por allá se perdió.

Era un cherufe.
mis ojos despavoridos
lo vieron
en una tarde de verano
cuando yo era niño.
(…)
Era la hora del crepúsculo,…
(…)
Una descomunal cabeza de serpiente
con las fauces abiertas,
como tratando de alcanzar su presa…



En el monte, especialmente en los quilantales[9] o entre los matorrales puede haber cinifilu[10]; por eso, hay que entrar  con cuidado a esos lugares, y si llega a ver uno, debe retirarse rápidamente y pedir disculpa por haber entrado así, aunque ande haciendo algo de trabajo.

Muchos años después, me han contado otras formas de avistamientos: “En el junquillar, en el puente que hay frente a Eugenio, para pasar a la vega, donde Rigo, una vez vi pasar un perro blanco lanudo. Se perdió de repente. Nadie tenía perro de esa clase (por aquí).

“En ese mismo lugar, en otra oportunidad, vi una pareja de carabineros, conversando. Les brillaba la gorra. (Marta Canales, mayo de 1994).

Por su parte Herman Raguileo (mayo de 1994) narraba: “Otra vez, fue que yo me vine por Kuraliwen, en el alto. Vi, desde la tranca, en la era de mi tío Pablo un fueguito chico que alumbraba. Me subí arriba de la tranca, para ver mejor. Había pensado ir (hasta) allá mismo; pero, pensé en los perros mañosos de mi tío y que podrían pensar quizás qué cosa si me vieran allí. Así que no fui.

Después, ellos me contaron que más o menos en la misma fecha, habían estado limpiando (la) era. Después que se fueron para la casa, de repente vieron (a) varios niños chicos que estaban limpiando también.”

Por mi parte, mi primera experiencia con lo desconocido fue cuando tenía aproximadamente unos 13 años. Fue una noche de verano, como a las 11. Vi en esa ocasión una luz de comportamiento extraño, inexplicable. Se movía lentamente, de modo sinuoso y pasaba por encima de un cerco muy alto, formado por kila, koliwe[11], otros arbustos y árboles como hualles[12] y boldos[13]. Era parte de ese cerco, también, una empalizada de talla mediana. ¿Qué puede movilizarse de ese modo? Es cierto que se trataba de una luz; pero, no estaba conducida por humano alguno. ¿Acaso existe un ave que pueda portar semejante lumbre? Estaba acompañado de otras dos personas de mi misma edad que también la vieron. Avisamos a las personas mayores que estaban en el interior de la casa. Le indicamos el lugar y nada vieron; pero, nosotros sí observábamos claramente lo que estaba aconteciendo. Tuvimos miedo.

Posteriormente, he tenido otras experiencias del mismo tipo; pero, nada tan espectacular como aquella. Y perdí el miedo. Ya crecido, me he quedado largo tiempo observando a la distancia. Nunca he logrado una explicación. En mi modo lógico no he hallado la comprensión para tales sucesos, aún. A veces pienso que la energía de la materia tiene formas insospechadas de pronunciarse. También supe que los machos culebras se agrupan, se “apelotonan” alrededor de la muchacha deseosa y por eso – creo – que el impacto no será tan grande cuando me encuentre sorpresivamente con un cinifilu.




Tales han sido mis experiencias anteriores al PERRIMONTUN de Maribel Mora Curriao (Konünwenu. Editorial Indígena de Chile. Santiago de Chile, 2014). ¿Por qué llamaste de ese modo el libro?, le pregunté esa tarde lluviosa del lanzamiento en Temuco. Tuve sueños, me explicó. Finalmente, llegué a la construcción de este libro, agregó.

Lo cierto es que “Perrimontun” es un conjunto de poemas un tanto desgarradores, surgidos de la memoria, de aquellas conversaciones con sus mayores. Así, el libro se transforma en una narración colectiva, al estilo de lo que ocurre con los epew y otros tipos de relatos en el mundo mapuche. Hay también reflexiones desde la vida propia, la de ella, la que comparte con las demás mujeres.

A algunas como yo
la vida se nos hace nudos
se nos atragantan las palabras
y nos corroe el tiempo
de la luna.

A algunas como yo
se nos prohíbe
ser lo que somos
porque entonces
el mundo temblaría
los hijos           nuestras casas
los cimientos               las religiones.

Tiemblo al leer estos últimos versos. Ojalá esta poesía sea premonitoria.

En el desconocimiento, siempre creí que la poesía de Maribel era algo distante a mis asuntos. Ahora, comprendo que no es así, que de algún modo hemos compartido las mismas historias.

Hace años atrás participé de un proyecto con niños que tenía como fundamento creativo el encuentro con los relatos (Afunalhue, 2007. Comuna de Villarrica). En esa ocasión me enteré que sus antepasados – los de los niños del Proyecto – llegaron hasta allí huyendo de la furia chilena, desde algún lugar de San José de la Mariquina. Don Felipe Paluan, a esa fecha (2007) con 86 años, nos contó: Iban a ser muerto por los wigka. De ahí se corrieron mejor, porque quedaban muy chicos de tierra… y como por acá había tanta tierra desocupada. Llegaban (y) se instalaban, no más. No había ningún problema. Después pasó la Radicación y sacaron tierra. (…) (Mi papá) hizo población allí en el bajo. Actualmente, está ahí mismo un hermano. (Venían) de San José (de la Mariquina)… Por allá hay familia Puelpan y Cariman. Nosotros, netamente el apellido era Cariman. Finao mi tío, el mayor de todos, ese cambió el nombre…” Llegaron en carretas y caminando, a lo largo de días y noches, avanzando en busca de un sitio seguro para sus hijos y ellos mismos… huyendo. Pero, en Wajmapu existían sitios aún en donde guarecerse.

Y Maribel o – mejor dicho – sus antepasados, entre ellos el viejo peñi Manuel Curriao, presente en el acto de lanzamiento, cuenta:

Entonces la luna alumbraba nuestras cabezas, Mankekura nos cobijaba en las quebradas y los ñirres, nuestros hermanos, guardaban nuestros miedos. Pero la semilla se volvió gusano y la noche un zumbido oscuro en nuestra cabeza, cuesta abajo con nuestros sueños, huimos de las montañas. Los piam y los antiguos nütram de los abuelos  se oyeron con fuerza mientras marchábamos. Nosotros cantábamos para no escucharlos, soñando dichosos los años venideros. Torcazas y tiuques nos acompañaron desde lejos, los graznidos del güairao coronaban el desvarío.

Por todo el nag mapu, hermanos,
caminaremos.
Por todo el nag mapu, hermanos,
caminaremos.
Haremos nuestras rucas
a la sombra de un canelo,
Por todo el nag mapu, hermanos,
caminaremos.

Criaremos wakas y ovejas,
sembraremos trigo
junto a las palabras.
Secaremos changle
junto a los miedos.
En otros valles,
en otras tierras.
Nuestros hijos
buscarán el voki,
trenzarán nuevos sueños.
(…)

Así fue como Maribel llegó a nacer, para ser la mensajera de la historia pasada, para contarle a su descendencia la memoria de los hombres y mujeres de la montaña.

Pues, y no digo más; porque no soy crítico de oficio. Esta larga nota habla de la impresión que me causa la lectura del primer libro de poemas de mi lamgen. Es también una invitación a buscarlo y leerlo. ¡Hay tantas formas de aprender a vivir! Hace años atrás un grupo de estudiantes adultos me decían que la poesía era algo “fome”, “aburrida”, “romántica”… Y me di cuenta que la mayor parte de la gente que ha tenido la mala suerte de haber sido domesticada por la escuela chilena, tiene esa impresión del lenguaje poético. Entonces, les presenté una selección de poemas de autores chilenos y mapuche y quedaron sorprendidos. No ocultaron su impresión y se mostraron atentos, principalmente “extrañados” por la diversidad de temáticas que abordaban los escritores que les presenté. Por eso, no ceso en mi empeño.

¡Ah! Y ¿cuál(es) es(son) el(los) perimontun de la autora? Pues, lea el libro y lo descubrirá… y los suyos, probablemente.

Buenos sueños a todos/as.




Maribel Mora Curriao
Fotografía: Erwin Quintupill


[1] Perimontun: Avistamiento de algo desconocido.
[2] Gen: Energía que “mueve” a los cuerpos. (Entiendo el movimiento como una de las propiedades de todo ser viviente y también como el cambio de posición en el espacio, desde algún sistema de referencia o lugar de observación).
[3] Macitun: machitún.
[4] “Laguna” o Launa: Se trata de un majin (mallín) grande, al que la gente lama de esa forma.
[5] Alwe: Energía o espíritu que deja el cuerpo y que no se aleja como normalmente debe ocurrir; entonces, permanece en las proximidades. Se le debe hacer una ceremonia para que se vaya y descanse definitivamente en “la otra tierra”.
[6] Uyuce: Uyuche.
[7] Anselmo Raguileo, hermano menor de mi padre, escribió un poema que llamó El Cherufe, en que narra un suceso semejante. (Ver: En: García, Mabel y Galindo Sylvia; Poesía mapuche. Las raíces azules de los antepasados. Editorial Florencia, 2004.
[8] Millacoy: Comunidad ubicada al oeste de Saltapura. Hasta la Radicación formó parte de un mismo lof junto a Saltapura y otras comunidades aledañas.
[9] Quilantal: Conjunto de kila (Chusquea cumingii).
[10] Cinifilu: Conjunto de culebras que forman algo semejante a cini (chini), un cesto bajo y amplio confeccionado con tallo de enredadera, por ejemplo de kopiwe u otra trepadora semejante.
[11] Koliwe: Chusquea couleu.
[12] Hualle o Koyam: Nothofagus oblicua.
[13] Boldo (Folo): Peumus boldus.

jueves, 27 de marzo de 2014

OTRO POEMA DE MARTÍN JACINTO MEZA (NAHUA)

TLAXKALSIUATSITSINTIN
Martín Jacinto Meza, poeta nahua

Siuatsitsintin noxochitlakentsiaj,
noyektiliaj,
nopetsouaj.
Impan inlomoj,
impan imastlakapaluan,
sa nokalanijtiuej insonsaloluan,
sa tsotlantiue intlapalcintas.
Yajuamej te tlaxkalsiuatsitsintin,
yajuamej kipakaj innextamal,
youej ipan molino ontlakuechouaj.

San yejko intlakualkalijtik
peuaj kiyemaniaj tixtsintle.
Kimimilouaj ipan inmetlatsin,
kinyeualchijchiuaj
ken se ayeualmanajle,
ken se mestsintle.
Kema konsouaj ipan sokikomajle,
komajle uan ikxitsitsiuan tekauintokej.
Tlaxkaltsitsitntin peuaj iksej,
sa yejyektin sa uejueimej,
kema nixajokue,
noponatsouaj ken akuakuamej kuak yokualankej.


MUJERES DE TORTILLA
Martín Jacinto Meza, poeta nahua

Visten sus atuendos floridos,
se embellecen,
se peinan.
Sobre sus espaldas,
sobre sus hombros
cuelgan trenzas adornadas con cintas coloridas.
Son las mujeres de tortilla,
son las que lavan su nixtamal,
son las que van al molino a hacer la masa.

Al llegar a la cocina
comienzan por ablandarla,
la mueven  y masajean sobre el metate,
hacen círculos con ella,
se parecen a una laguna,
o la redondez de la luna.
Tienden la tortilla sobre el comal de barro,
comal de pies de fuego.
Las tortillas comienzan a formarse
bellas y grandes,
levantan su pestaña,
se inflan como sapos enojados.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.

Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

DOS POEMAS DE ZAHARA HASNAUI

DIEZ Y UNO
Por Zahra Hasnaui, poeta saharaui

Diez años y un día
en este dilatado desvelo
mirando sin ver.

Diez años y un día
afanándose la Ignorancia
en velar la Razón.

Decidle,
que no reproduce
el ojo su imagen.
Que mis dedos
en el aire acarician
su voz, su andar
torpe y gestos.
Que trazan su nombre
de derecha a izquierda
y de izquierda a derecha
lo vuelven a trazar.

Decidle,
que, temblorosos,
no olvidan la abultada
mudanza del tiempo.

Decidle,
que aunque
raptara el lienzo
yo ya bebí su sonrisa
y me embebí por siglos.

Dedicado  a  una  mujer  saharaui  que  pasó  un  año  en  la  cárcel  y  luego  otros  diez durante  diez en  la  mazmorra  de  Kalet  Mguna. A  las  madres  saharauis, desaparecidas durante años en mazmorras marroquíes, a las infancias robadas.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.
Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

VOLUNTAD
Por Zahra Hasnaui

A Aminetu Haidar

No pudo morder
la mentira
la geografía inmensa
de tus alas blancas.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.

Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

MUJER INVISIBLE


Por Mohamed Salem Abdelfatah, (Ebnu), poeta saharaui

Como que el tiempo me sobra
puedo quedarme dormido
hasta el mediodía.
Levantarme.
Y luego pensar que nunca
he visto sus ojos
ni he escuchado su risa
ni le he escrito versos.

Pero al final
de cada noche
ella estará perfumando
la cama cansada
y yo vendré
a beber de sus ojos
a besar su risa
y a recitarte los últimos versos
que escribí a una mujer invisible.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.

Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

SIUATLAJTSONKETL


Martín Jacinto Meza, poeta nahua

Nonantsin yope tlajtsoma;
mojmostla okualkan
ika isokiixtololojtsitsiuan,
imatlayoltsin niman ikxiokojuan,
kijitsoma pakilistle ken itla soyatsintle.
Kuak yeyas ontekitis
nixamijteua, nopetsojteua.
Yo sa uetskati  ken kana ajakatsintle,
tikijtosia kekeloua ipan ixijlan.
Kuak neyajmantle kineke itech nopepechos,
nonantsin peua nijtotsia, tsijtsikuine niman uetska.
Kuejuestkilia on lamajtsin nejmankamayantle.
In lamajtsin san ontlacha niman kisa notlaloua
ixmejmetsijti ken kana tikijtosia,
ipan ikuitlapil uajpilkati se chiche.

Najua te, san nikmatlaxkalouilia itekiyotsin nonatsin.


LA ARTESANA
Martín Jacinto Meza, poeta nahua

Mi madre se ha vuelto una artesana;
todas las mañanas
con sus ojos de barro,
manos de maíz y pies de ocote,
teje la alegría como si lo hiciese con la palma.
Antes de cada labor
se maquilla para lucir
sonriente como si la transparencia,
le hiciera cosquillas sobre la cintura.
Cuando la tristeza intenta acercarse,
mi madre baila, brinca y ríe.
Se mofa de aquella pobre arrastrada.
La tristeza, con los ojos salidos,
la mira y corre espantada como si detrás de ella,
viniese un perro mordiéndole la cola.

Yo, sólo aplaudo y celebro el trabajo de mi madre.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.

Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

SHOPIN BRUTAL


Por Cristina Urtizberea, poeta patagónica

A las mujeres mapuches,
en particular a mi abuela,
Bernarda Colín

Ríe mi abuela en el shopin
Ríe sin parar.
de lo absurdo
De lo brutal

De los guantes fríos
De los tacos para no caminar

De las niñas tristes
De la gente ausente
perdida en el abismo.

Ríe mi abuelita
De la pérdida total de identidad.
Del tejido sin telar.

ríe y después se va.

En: Susperregui, Xavier. Mujeres en la Historia. Volumen II. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2013.

Ver: bibliotecadelasgrandesnaciones.blogspot.com.

Sobre los poemas musicalizados de Matías Catrileo: “La música libera de todo crimen”

De los 23 poemas, uno para cada año de Matías, Javier Karmy ha musicalizado seis, y en esta entrevista exclusiva para Mapuexpress, narra el proceso creativo para componerlos, la historia personal que se entrelaza con la del pueblo mapuche, y cómo el amor intenso, el arte y la búsqueda permanente para salir de este mercado, puede salvar a la humanidad y al planeta que nos contiene.
MATIAS-CATRILEO

“Eso es elevarse, elevarse, elevarse… y elevarse mientras vibras, es darse cuenta de que estás vivo… y con esa intensidad, agarré un piano, subí y bajé palpitándolo todo, desde el lucero del amanecer hasta su piel… y entonces, al piano lo transformé en un animal, los poemas en canciones, y abrazamos el viento para liberar la tierra”, expresa Karmy.           
Sentado sobre dos sillas, una hacia la cordillera, la otra hacia el mar, la conversación se dio tranquila en torno a un té que se enfriaba con la brisa otoñal. Escuchamos varias veces la canción grabada en un piano desafinado, pero que da perfecta cuenta de la “imperatividad”, de la obsesión, de la locura que envolvió este proceso creativo.


Javier (periodista) – ¿Por qué musicalizó las poesías de Matías Catrileo?
Javier (músico) – No sé, no es algo que se pueda explicar. Simplemente, cantamos.

- Pero, ¿Cómo se inspiró para hacer canciones de los poemas de Matías Catrileo?
- Insisto, es difícil explicarlo. Mire, el libro se llama El abrazo del viento… qué quiere que le diga, simplemente brota. Brota como un suspiro, como una brisa marina, como el árbol que canta cuando pasa el viento… brota nada más y se esparce como polen volando en el viento hasta que se siembra y tiene la posibilidad de brotar.

- Pero para que las semillas broten, existen muchas cosas que se pueden hacer. ¿Cómo brotan las musicalizaciones de estos poemas de Matías Catrileo?
La semilla es el poema y con un poco de amor, se transforma en mariposa. ¿Ve? Pasa volando y cruza el cielo, posándose en cada oído.

- En concreto, para que la gente entienda… ¿agarró la guitara un día y cantó la canción? ¿O fue con el piano? ¿Cuántos días le tomó hacer una canción? ¿Cómo se inspiró?
Mire, soy un convencido de que las canciones existen sin los músicos porque están en los instrumentos, en el viento… es como los árboles, el agua, el mundo, la galaxia, existen sin nosotros. Entonces, justamente, el viento, que es el elemento fuerza del libro… Las canciones están en la memoria, están y existen, y creo que la capacidad del músico en realidad es la de escuchar, no la de irrumpir con su sonido. Pues es capaz de escuchar, de imaginar, y luego busca cómo hacer sonar lo que ya escuchó. Se hace canción con un instrumento, se es la canción.
No es que alguien pueda efectivamente decir que uno u otro hizo una canción. Menos aún si los poemas brotan de la tierra. Es como querer saber ¿de quién es esa flor? ¿de la semilla? ¿del jardinero? ¿del que la trajo? ¿quién la trajo?… ¿Entiende lo que le digo?

- Claro, pero…
En el fondo, no es algo de propiedad, porque tampoco es algo que surja de la Tierra, de este planeta que habitamos… Sino que es el instante en que usted logra interpretar un destello que en algún lugar del universo se produjo.

- ¿A qué se refiere con ese destello?
Que todo el tiempo, en cada segundo pasan cosas, pero es justamente en uno preciso en que usted está dispuesto a escuchar, ver y palpar ciertas cosas. Está en un estado de ánimo que lo inclina hacia las tonalidades que lo hacen atender algunos sonidos más que otros. Ahí está la completa gama que va desde el amor absoluto y la ira total. Pero, lo importante es que una vez que se escucha ese destello que se generó en algún lugar del universo, esa energía, ese polvo incendiado, comienza la búsqueda real que se transforma en obsesión. Pues usted ya sabe lo que quiere volver a escuchar, sabe que lo tiene que hacer y, entonces comienza la obsesión, la locura total, la imperatividad, el adentrarse en el piano, transformar el piano en un animal y encontrar ese sonido rescatado de la memoria.
Es pensar en que la canción está contenida en el espacio infinito buscando una salida en algún cuerpo celeste y, de pronto una estrella fugaz la hace vibrar… y las cuerdas del piano o la guitarra o cualquier instrumento, hacen vibrar el corazón. Justamente, cuerda es una palabra que en su raíz significa corazón.

- Y en este universo infinito donde la canción busca una salida, una amplificación, ¿hay factores que inciden en que se conecte en ese instante de tal o cual manera?
Con lo vivido, le podría decir que existen algo así que podríamos denominar factores que, en este caso particular incidieron en que me conectara con los poemas de Matías Catrileo.

- ¿Usted conoció a Matías Catrileo?
- ¿Alguien puede decir que no lo conoce?

- ¿Pero lo conoció cuando vivía?
- Y ¿quién dijo que está muerto?, ¿no ha leído sus poemas? Ése es un factor determinante, pues existen muchas maneras para conocer a una persona… y justamente, la poesía y la música superan al tiempo, pues nos envuelven en un tiempo que es infinito… que va más allá.

- Entiendo, entonces, ¿cómo usted se ha acercado a él?
- Pues de diversas formas. Lo que pasa es que no tiene que ver con él o conmigo. Es algo que está más allá. En el fondo, en el fondo bien adentro, está la imperiosa necesidad de buscar una salida a todo esto.

- Pero usted igual conoció de él antes de leer su poesía…
- Claro, supe por la televisión que había muerto, también escuché por radio ese testimonio tremendo donde sus compañeros relataban cómo se llevaban su cuerpo para evitar que el Estado modificara las pruebas… luego, estuve en el lugar donde le dispararon, donde cayó, donde lo tomaron, donde dio sus últimos suspiros, donde voló al cielo azul y ahora sostengo sus poemas en el viento.

- Con esa información ¿cómo se conectó con él? Quiero decir, para que la música suene como a él le hubiese gustado…
- Como le dije en un comienzo, no sé si realmente estamos conectados Matías y yo, lo que implica que no sabemos si le gustaría como suenan sus poemas ahora… sino que, como la poesía tiene vida propia, nos está utilizando para volar por el viento y sanar este planeta. Quizás él cantaría punk rock, como dice en un poema suyo, y yo simplemente me declaro analfabeto en ese registro musical.
Existe una conexión que pienso ha influido en todo este proceso. Y es la historia personal que tengo en la mitad de mi sangre, por el lado materno que viene del Imperio Británico… Imagínese usted, que desde La Corona británica dominaron mares y tierras, y para eso, usted sabe que hay que matar. Conquistaron y, resulta que buscando oro llegaron a estas tierras a explotarlo. Eso se cruza con la otra mitad de mi sangre que vive en la diáspora, en el exilio, en el no retorno, como un refugiado sin tierra… Imagínese que mi abuela venía embarazada de mi papá durante el viaje y, si bien mi abuela se embarazó en Palestina, mi papá nació en Chile…
Finalmente, todo sucede en la tierra, y la tierra palestina y la tierra mapuche son intensidades puras. Hay energías que buscan la liberación, una liberación espiritual, moral y, por supuesto, política… Si usted lo piensa seriamente, es algo tremendo. Ha sido esa fuerza, junto a la luz de una sonrisa bella que iluminaba dichas tierras intensas, y la búsqueda imperiosa de salir de todo esto… Con todo eso, no había otra posibilidad que atender ese polvo que ha explotado en algún lugar del universo para hacernos cantar con el destello fugaz que escuchamos.
Eso es elevarse, elevarse, elevarse… y elevarse mientras vibras, es darse cuenta de que estás vivo… y con esa intensidad, agarré un piano, subí y bajé palpitándolo todo, desde el lucero del amanecer hasta su piel… y entonces, al piano lo transformé en un animal, los poemas en canciones, y abrazamos el viento para liberar la tierra.

- ¿En qué momento a usted se le ocurre tomar un poema de Catrileo y hacerlo sonar como canción?
En esta intensidad, la historia tiene en su centro al amor. Mire, donde cayó Matías, se liberó un espacio, pero no es que en un pedazo de tierra haya un poco de libertad, no, no… Es en ese instante en el universo entero en que una semilla libra un destello de energía limpia como el lucero del amanecer. Es puro amor, y ese amor quedó en algún lugar clandestino sin poder desarrollarse… a veces pasa que por miedo el amor se trunca… Bueno, cuando Editorial Quimantú publica el libro “El abrazo del viento” en Temuco este enero, todo ese amor contenido explota como un volcán… y su salida es la canción del poema de Matías.
Entonces, -y aquí viene su respuesta- una noche en medio de las conmemoraciones de su muerte y de la muerte del matriomonio Luksinger-Mackay, que se celebran un día después que las de Matías pero con mucha más cobertura mediática, con el viento fresco (nuevamente menciono el viento) que traía la brisa marina con la sal justa para sanar los días dolorosamente inciertos, abrí el libro y con una guitarra le encontré las melodías primeras a esos poemas que volaban silenciosos sobre el cielo azul. Así el polvo se transformó en mariposa cuando liberó ese destello. Brota solo ¿no le digo? La melodía simplemente se encuentra con el acorde… como dos cuerpos celestes buscando el sol…
Después de todo eso, vino el trabajo de la técnica. Es decir, arreglar la canción, interpretarla, afinar, ensayar. Pero el proceso tiene más de un año.

Las canciones se eligieron solas
-¿Por qué eligió esos poemas y no otros para hacerlos canción?
Le insisto, yo no he hecho esas canciones. Podríamos decir que esas canciones se eligieron solas y encontraron esta válvula de escape. Claro, también esas canciones hoy día son una válvula de escape para mis intensidades.

- Si estuviera Matías acá junto a nosotros, ¿qué cree que diría de las canciones?
Las cantaría seguramente… Hay algo muy importante que va más allá del gusto personal o de uno u otro poema. Matías estaba abriendo espacios para decir lo que necesitaba decir y por eso es una estrella que aún ilumina. Encontró espacio en la universidad donde estudiaba, en las organizaciones en las que participó, en las comunidades donde se involucró, en la tierra misma, pero también en el dibujo, en la poesía, en el arte… Buscaba espacios para elevarse y saltar la opresión, creaba para ser libre, pero totalmente libre.

- Para usted, ¿cantar es salir a luchar para recuperar la tierra, cree en otros métodos de “acción directa”?
No se trata de lo que yo crea. Vea usted cuáles son los métodos que le están dando resultados a los pueblos para rebelarse, y con los diversos colores, matices, sonidos y ritmos, también se puede reír, se puede cantar y bailar… y yo diría que son imprescindibles.

- En el marco de los poemas de Matías Catrileo como una voz que murió luchando por la recuperación de su territorio, ¿cómo se entiende la lucha?
- Es lo más difícil y por ende, lo más importante. Pienso que los poemas de Matías son un reflejo de los colores de la lucha. Tienen rabia, amor, desilusión, temor… sentimientos que las personas olvidan o quieren olvidar.

- O sea, que la lucha tiene su dimensión interna, por decirlo de alguna manera ¿no?
- Es que es lo mismo que hemos estado conversando todo este tiempo. Abrir, liberar y buscar los espacios para elevarse y salir, aunque sea por un segundo, de todo esto que gira sin parar… y me refiero a la tele, a la farándula, a la bulla, al mercado, al Estado, etc… Cuando alguien se atreve a elevarse, no es tanto porque no tenga miedo, sino porque tiene más confianza que miedo en que sus alas no le fallarán en ese vuelo que realizará al interior de sus propias venas. Ahí está el arrojo, ahí está la libertad, y ahí está la verdadera lucha que es sanar nuestra propia historia. Obviamente, sanar los miedos enfrentándolos. Elevarse y bajar, como las olas del mar… si el horizonte, sigue al fondo.
En mi caso, la música me libera de todo ese crimen y abre un espacio de vida, libertad y amor.

-          Perdón, me perdí… ¿de qué crimen me habla?
Del ese crimen que cometemos a cada segundo cuando miramos nuestros pies sin mirar la sangre desparramada que hay más allá, la muerte por inanición, la contaminación, etc, etc, etc. Este mercado que gira oprimiéndonos.
- ¿Qué le dice a quienes piensan que por ser un poema de Matías Catrileo supondría otro tipo de poemas hechos para empuñar las manos, tirar piedras o al menos, salir a marchar?
Que los mapuche también pueden amar. Como escribió en un poema Mahmoud Darwish, el poeta palestino por excelencia: “Los palestinos son seres humanos que ríen, viven, e incluso tienen una muerte normal. No solo los matan”.
Entonces, qué quiere que diga Matías Catrileo cuando abre sus ojos y encuentra a su pueblo oprimido, rodeado de terratenientes, kilómetros y kilómetros militarizados, con drones y helicópteros vigilantes, con la crónica roja de medios de comunicación sensacionalistas dedicados a crear imaginarios como el que usted acaba de expresar… Pues, una respuesta de Matías fue el poema de amor.


ESCUCHAR “DIME QUIEN” POEMA MUSICALIZADO DE MATÍAS KATRILEO, POR EL PERIODISTA, CANTAUTOR Y COMUNICADOR SOCIAL, JAVIER KARMY

http://mapuexpress.org/sobre-los-poemas-musicalizados-de-matias-catrileo-la-musica-libera-de-todo-crimen/