domingo, 15 de julio de 2012

La palabra es la flor, la poesía es la semilla.


En noviembre del 2011 salió a circulación el libro “Ragengey ti dungun. Pichikeche ñi mapuche kumwirin. La palabra es la flor. Poesía mapuche para niños.”, bajo la responsabilidad del Programa de Educación Intercultural Bilingüe del Mineduc y del peñi poeta Jaime Huenún, quien se dio la maña para conseguir la participación de los 32 escritores que aportaron a la antología

Después de los agradecimientos de rigor, Jaime nos entrega una larga reflexión acerca del valor de la palabra, el mapuzugun, los/as poetas y su obra, los espacios, las influencias y la poesía mapuche. Me parece pertinente compartirla, ya que imagino muchas personas no llegarán a conocer el mentado libro; ojalá me equivoque.

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Imagen: (De izquierda a derecha) Víctor Cifuentes, Graciela Huinao, Lorenzo Aillapán, Jaime Huenún, Paulo Huirimilla, Erwin Quintupill, Bernardo Colipán, Leonel Lienlaf, Emilio Guaquín. (Sentados: Maribel Mora y sus tres hermosuras que también son de Jaime).
Esta fotografía fue tomada en el departamento de Alejandro Stuart. Estábamos allí, a propósito del lanzamiento de la antología "20 Poetas Mapuche Contemporáneos"
Fotografía: Alejandro Stuart. Santiago, enero 2004.




La palabra es la flor, la poesía es la semilla.

Jaime Huenún

“La palabra es la flor” nos dice, bella y sabiamente, nuestro hermano poeta Omar Huenuqueo Huaiquinao. En medio de las infinitas labores de la vida diaria, en medio de los juegos, tareas y deberes de la escuela y el hogar, la palabra –oral y escrita- es el instrumento que nos permite no sólo comunicarnos, informarnos o registrar los acontecimientos íntimos y comunitarios, sino que también crear otros mundos y otras realidades, es decir, nuevas imágenes para nuestro tiempo y entorno.

Para ello, la poesía o género lírico es una de las expresiones artísticas fundamentales, ya que integra musicalidad, emociones, ritmos y sobre todo una visión y una comprensión de la realidad distinta a la que usualmente estamos acostumbrados. A través de la poesía, el lenguaje adquiere características especiales y se convierte en una herramienta que revela las maravillas y los dolores del mundo y de la vida. De este modo, la palabra poética nos conduce a un conocimiento de los objetos, de la naturaleza y de la humanidad que conjuga asombro, belleza e inteligencia creadora, ayudándonos a reconocer y valorar nuestras particularidades, nuestros sueños y nuestras respectivas culturas, como asimismo a descifrar los misterios del hombre[1] y del universo.

El lenguaje humano, sustento de la poesía y otras manifestaciones estéticas orales y literarias, suele definirse, en términos generales, como un sistema de signos útiles para la comunicación, pero también como un instrumento mediante el cual nombramos las cosas para hacerlas existir, tanto en nuestra cotidianidad como en nuestra memoria y espiritualidad.

Así, cada pueblo ha creado un lenguaje diferente para comunicarse y para resguardar y transmitir sus conocimientos, su identidad y su cultura. En nuestro planeta, según la Unesco, existen más de 6.500 idiomas, de los cuales en América se hablan casi 700, siendo la gran mayoría lenguas indígenas. El mapuzugun es una de esas lenguas y se ha mantenido vigente hasta hoy gracias a las enseñanzas de padres, abuelos, profesores y educadores tradicionales que en las últimas dos décadas se han ido incorporando de forma paulatina al sistema formal de educación.

Sabemos que el idioma mapuche –como muchos idiomas originarios del continente americano-, ha sufrido los efectos de la discriminación, el olvido y el abandono, pero también sabemos que a pesar de tales circunstancias aún existen más 200.000 personas que lo hablan en diversos grados de competencia y fluidez, especialmente al interior de las familias y las comunidades rurales. Muchos investigadores del pasado y del presente se han asombrado con la riqueza y las potencialidades expresivas del mapuzugun, una lengua que, según lo señalara el lingüista alemán Rodolfo Lenz en su libro Estudios Araucanos, “es armoniosa y sonora, más suave aún que el castellano y el italiano”.

Precisamente fue el profesor Lenz el primer académico que, luego de un profundo trabajo de investigación realizado en la Araucanía entre 1890 y 1897, recopiló, estudió y valoró los cantos y relatos orales mapuche. Recordemos que a fines del siglo XIX, el pueblo mapuche –o araucano como se le llamaba en aquel tiempo-, era considerado un grupo humano que no poseía conocimientos y valores culturales de importancia. Por lo mismo, que un destacado maestro e intelectual como Rodolfo Lenz planteara ante la comunidad ilustrada que los mapuche sí poseían y cultivaban expresiones estéticas orales afines a las literaturas europeas, contribuyó en cierta medida al reconocimiento y la valoración de un pueblo y una cultura postergada.

Las antiguas expresiones verbales mapuche estudiadas por Lenz, entre las que figuran el ülkantun o canto y el nütramkan o conversación en la que se comunican relatos, aún se practican en las comunidades, constituyéndose en la columna vertebral que sostiene la literatura mapuche actual. Sin duda, nuestra poesía escrita debe, en mayor o menor medida, de esas fuentes verbales tradicionales, donde la palabra humana es parte de un mundo en el que todos sus elementos están interrelacionados y conectados; donde las montañas, los ríos, los imponentes bosques, las piedras, las estrellas, los animales y las plantas poseen Zugun, es decir, la capacidad de hablar, de comunicarse en sus propios lenguajes. Así como ocurre en los ül (o canciones tradicionales) o en los epew o piam (narraciones propias de nuestro pueblo), los poemas de autores mapuche son textos donde se entrelazan no sólo emociones, historias y sueños humanos, sino que también las palabras, los dolores, las transformaciones y las maravillas de la naturaleza y del universo.

Hablamos de poetas como Bernardo Colipán, Graciela Huinao, Leonel Lienlaf, Erwin Quintupil, Faumelisa Manquepillán, Maribel Mora Curriao, Paulo Huirimilla, Lorenzo Aillapán, Carlos Levi, María Inés Huenuñir, César Millahueique, Eliana Pulquillanca, Elicura Chihuailaf, David Aniñir, entre otros y otras, quienes forman parte de una comunidad de más de cien autores que hoy escriben y difunden sus creaciones a través de diferentes medios, entre los que se cuentan los libros, los discos compactos, obras de teatro, revistas electrónicas, recitales públicos, programas radiales, videos, etc. Ellos y ellas han hecho de sus escrituras poéticas un territorio en el que se preservan y proyectan las historias comunitarias y familiares, las tragedias y negaciones sufridas por nuestro pueblo y los relatos y símbolos colectivos que sostienen nuestra identidad y nuestra memoria. Ellos y ellas, poetas de la tierra y habitantes de la remembranza y el sueño, dialogan y cantan con vivos y muertos, con los estruendosos oleajes marinos y el rumor de las vertientes andinas, con el tráfico incesante y acelerado de las grandes ciudades, pero también con el silencio luminoso de los húmedos campos sureños.

Cada uno de estos escritores, desarrolla una poesía distinta y personal, arraigada sin embargo a una historia comunitaria y a un espacio cultural y natural específicos. Des este modo, podemos leer a poetas cuyas obras están claramente vinculadas al Lafkén Mapu (territorio cercano al mar); a otros donde gravita fuertemente la Piren Mapu (la cordillera de Los Andes); y a otros tantos en los que podemos encontrar la presencia viva de la Wente Mapu (la tierra de los valles). Pero la diversidad de escrituras poéticas mapuche no se detiene ahí, ya que muchos de nuestros autores se han criado en las ciudades chilenas y por lo mismo se han alimentado de realidades sociales y culturales predominantemente urbanas. David Aniñir, César Millahueique, Roxana Miranda Rupailaf, por ejemplo, son poetas que han creado parte significativa de sus respectivas escrituras líricas a partir de la waria, es decir, de la ciudad winka. El espacio urbano –sus personajes, jergas, demandas, conflictos y contradicciones –forma parte indisoluble de sus obras. Más aún: muchos poetas mapuche[2] han tenido que emigrar a otros países, como Miguel Utreras Imilmaqui (quien reside en Noruega), y desde esa enorme distancia han debido restablecer sus lazos con su tierra de origen.

Ciertamente, en los tiempos que corren la escritura lírica mapuche no sólo se vincula a los cantos y relatos antiguos, no sólo al tuwun o territorio de nacimiento, sino que también a las tendencias y procesos poéticos actuales de Chile y otras naciones. En este sentido, muchos de nuestros poetas, si bien se alimentan de la cultura mapuche tradicional, igualmente dialogan con las obras clásicas y modernas de autores nacionales e internacionales. Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Winét de Rokha, Nicanor Parra, Jorge Teillier, Pablo de Rokha, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Gonzalo Rojas, Ezra Pound, Thomas Stearn Elliot, Emily Dickinson, Allen Ginsberg, Federico García Lorca, Ernesto Cardenal, Constantino Kavafis, Odiseo Elitis e incluso autores y autoras árabes, africanos, japoneses o de la China clásica, firman parte del amplio repertorio de poetas universales que han influido en los trabajos literarios de nuestros escritores.

Y no podría ser de otro modo, si consideramos que la sociedad mapuche se basa en la palabra dialogante, en el parlamento, en la conversación abierta y plural con otras realidades y expresiones materiales y espirituales del mundo. Nuestra cultura conserva desde hace centurias ciertos elementos -rituales, comidas, creencias, relatos, canciones-, pero también ha ido incorporando de manera progresiva otros de origen occidental –escritura, tecnologías, conocimientos, idiomas, etc.-. Como toda sociedad, la mapuche ha vivido y vive procesos de transformación  y sus producciones artísticas actuales son prueba de que algunas de tales transformaciones la han fortalecido. La poesía escrita es uno de esos cambios reveladores, constituyéndose hoy en la más reconocida e influyente manifestación cultural de nuestro pueblo. Al respecto, Grínor Rojo –ensayista y académico de la Universidad de Chile-, escribió hace algunos años lo siguiente:

“No sería raro que la poesía mapuche constituyese, en efecto, el sector más rico en el campo de la poesía chilena reciente. Digo esto porque hay en ella espacio, mundo, experiencia, memoria y conflicto, y por cierto hay también estilo y lenguaje.” (Grínor Rojo, El Mercurio, domingo 19 de agosto de 2007).

Luego de siglos de espera, podemos decir hoy que la palabra profunda mapuche es la flor que nace de la visión poética, de los trabajos visionarios y cotidianos de la poesía en los campos y ciudades que habitamos. La poesía, así lo creemos, es la semilla sembrada por los espíritus de nuestros antepasados, por las vidas y las muertes de hombres y mujeres que nombraron árboles, montañas y ríos allá lejos, en un tiempo sagrado y difuso que revive en los mitos y en los cantos que todavía suelen narrar y entonar nuestros abuelos. La poesía es esa semilla que germina en nosotros cuando contemplamos el lucero del amanecer, pero también cuando nos adentramos en la noche oscura de nuestras almas. La poesía es, así lo intuimos, el secreto germen del que nacen los lenguajes con el que nos hablan los bosques y las nubes, los pájaros y las caudalosas aguas de la memoria.

Sea entonces este libro una flor –en mapuzugun y castellano- para el jardín de nuestros días. ¿Y para qué una flor de palabras en estos tiempos vertiginosos? Para que nos hable, para que al fin nos diga, susurrando bajo el cielo limpio, que sólo la palabra fraterna y común nos hace libres, dignos hijos de esta tierra que gira y viaja entre las sombras y la luz.


[1] Llama la atención el uso de la expresión “hombre” para referirse a la especie humana. Lo asumo como un resabio de la vieja escuela antropocéntrica; peor aún, centrada en el género masculino. Allí fuimos “educados”. Mejor dicho a la escuela fuimos “llevados” para chilenizarnos, para pensar y hablar como ellos.
[2] Hasta este momento, sólo se menciona el caso de Miguel Utreras Imilmaqui. Es de esperar que en un futuro próximo el trabajo de otros/as nos llegue también.

sábado, 14 de julio de 2012

martes, 26 de junio de 2012

ANTOLOGÍA: LA PALABRA ES LA FLOR





LA PALABRA ES LA FLOR – POESÍA MAPUCHE PARA NIÑOS
RAYENGEY TI DUNGUN – PICHIKECHE ÑI MAPUCHE KUMWIRIN

El Programa de Educación Intercultural Bilingüe del Mineduc ha editado, en noviembre del 2011, una antología de poesía mapuche para niños. La gestión es del poeta Jaime Huenún quien se dio el trabajo de contactar a los/as 32 poetas para solicitar su participación. Ellos son:

Pedro Aguilera Milla
Lorenzo Aillapán Cayuleo
César Ancalaf
Amalia Andaur Huechante
Cristian Antillanca
David Aniñir
Jaqueline Caniguán
Víctor Cifuentes Palacios
Marcial Colín Lincolao
Bernardo Colipán
Juan Huenuán Escalona
Jaime Luis Huenún Villa
María Inés Huenuñir
Omar Huenuqueo Huiaquinao
Paulo Huirimilla Oyarzo
Juana Lancapichún
María Isabel Lara Millapán
Emerson Licanleo
Leonel Lienlaf
Carlos Levi Reñinao
Ricardo Loncón
Faumelisa Manquepillán
César Millahueique
Roxana Miranda Rupailaf
Maribel Mora Curriao
María Teresa Panchillo
Eliana Pulquillanca
Erwin Quintupill
Ramón Quichiyao
Fernando Raguileo
José Teiguel
Miguel Utreras Imilmaqui

Dice Jaime Huenún en los agradecimientos iniciales que el libro “es fruto de la convergencia de diversas voluntades, especialidades y conocimientos”, refiriéndose a los/as poetas participantes, a quienes gestionaron (funcionarios/as del Mineduc), a las ilustraciones (Eduardo Rapimán), a la traducción al mapuzugun (Rosendo Huisca), al diseño gráfico (Carlos Urrea) y la propuesta didáctica (Maribel Mora Curriao) con que finaliza.

Ciertamente resulta estimulante que el Mineduc se haya embarcado en la aventura de publicar un libro de “poesía mapuche para niños”. En mi opinión refleja un reconocimiento, una breve fracción de lo por cancelar a propósito de la deuda histórica con nuestro pueblo. El modo en que este acontecimiento se desarrolla y finaliza es harina de otro costal.

El público lector no necesariamente ha de pensar que los poemas publicados fueron escritos pensando en los niños/as. Creo que pocos de nosotros hemos escrito intencionalmente con el intento de llegar exclusivamente a un público infantil. Aparte de Paulo Huirimilla y quien escribe este comentario[1], no conozco otros casos. Puede que los haya. De ser así, es de esperar que muy pronto vayan saliendo a la luz. Nuestros niños y niñas necesitan que nos ocupemos de ellos, que les ofrezcamos nuestra versión – intencionada – acerca de diversos aspectos del ser mapuche (la conexión con la naturaleza, la cosmovisión, las experiencias en la ciudad, la discriminación, el estudio y la escuela chilena, el trabajo, la familia, el lof, la organización tradicional, la reciprocidad, las expresiones artísticas, la oralidad, la entretención, los viajes, la historia, etc.), porque bien dice Huenún cuando expresa que “A través de la poesía, el lenguaje adquiere características especiales y se convierte en una herramienta que revela las maravillas y los dolores del mundo y de la vida”.

Sin desmerecer el enorme esfuerzo y sin dejar de agradecerlo, quiero expresar que:

-          Se echa de menos la incorporación de otros/as notables; particularmente, se hace notar la ausencia de los/as poetas mapuche del Puelmapu (lo que queda de nosotros al otro lado de la cordillera).
-          El alfabeto empleado para la traducción al mapuzugun no es el unificado (académicos), ni el azümchefe (CONADI), ni el Raguileo (Anselmo Raguileo), aunque es más próximo al segundo de ellos. Por ejemplo, se utiliza “d” en lugar “z” en el título; también se observa el uso de tilde en más de una ocasión y el uso de guión en situaciones diferentes a las que indica el azümchefe. Todo eso en una breve mirada de profesor, aunque mi especialidad no es la denominada educación intercultural[2].

En la parte final se agrega un glosario de palabras mapuche, antecedentes de los poetas antologados (menos Carlos Levi), y una propuesta metodológica de la poeta Maribel Mora, que fundamenta, contextualiza y sugiere actividades y bibliografía para desarrollar en el aula (desde 3º año hasta 8º año de educación básica).

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Una vez más mis agradecimientos a todos quienes hicieron posible esta antología. Es de esperar que no sea la última, pues también existen los estudiantes de enseñanza media, los de la educación de adultos y los de los establecimientos tecnológicos, entre otros.

A modo de anécdota, en lo que a mí se refiere. Los dos poemas de mi autoría que aquí se publican fueron entregados a Jaime sin título, pues muchos de mis trabajos los he dejado así. Este compañero de ruta ha llamado “Sobre el arte de tejer” al primero de ellos y “La lagartija” al segundo.

En el último tiempo – como ya referí – he estado tratando de finalizar mi proyecto de libro de poesía pensado en los niños como destinatarios, y he decidido llamar “Por leña” al segundo. El otro, permanece sin título (pueden leerlo en este mismo blog. Ver etiqueta "El arte de tejer").

Estos dos poemas los escribí en prosa e intencionalmente se parecen a un relato tradicional (epew), porque reconozco que mi primer contacto con la poesía fueron los relatos y las canciones escuchados a mis padres.

Si los profesores/as desean contar con este libro en su aula, pueden solicitar a su director/a que lo pida al Mineduc. Entiendo que habrá o existe una distribución a escuelas, pero no dispongo de otros detalles o información, por ahora.

Por leña

Teníamos un tronco viejo, grande, enorme. Día a día íbamos a él, a quitarle astillas para el fogón. Invadíamos el hogar de las arañas, pero debíamos seguir.

Desde lo alto la lluvia caía interminable. Las arañas salían de sus grietas y buscaban presurosas otro refugio en que dormir.

Hubo un día en que el filo del hacha abrió de pronto una rendija. Fue como un relámpago golpeando la madera. Vi agitarse un cuerpo oscuro y alargado. Así, tan rápido como me vino la imagen de un ciempiés, recordé que habitan bajo el suelo.

Era una vieja amiga de la infancia emergiendo – de entre la rígida blancura de la leña – su opaco y blando cuerpo de lagartija adormecida.

No era la flecha vestida de azul, verde y amarillo de los veranos, la eterna enamorada del sol. Era, lentamente, como extraviada, bajando para perderse en lo bajo del tronco en que la hallé.

Más tarde llegaron el temporal y la noche para quedarse hasta el amanecer. Y me quedé pensando, mirando la nada oscura que rodeaba la casa.

El tronco había quedado allí, y en los días siguientes no volví, no volví. Todo se detuvo, hasta unos días después en que no estaba.

Me fui a caminar por entre las sombras de los árboles. Me fui a caminar bajo la oscuridad nublada de la noche y hasta muy tarde no pude allegarme hasta la rueda del fogón.

Esa noche, junto con ser fría, llegó a ser la más extensa, la más solitaria y silenciosa de ese invierno.

Bibliografía:
-          Huenún, Jaime. Rayengey ti dungun. Pichikeche ñi mapuche kumwirin. Programa de Educación Intercultural Bilingüe. Mineduc, 2011.
-          CONADI. Azümchefi. Grafemario Único del Idioma Mapuche. Unidad de Cultura y Educación, 1999.
-          CONADI. Azümchefe. Hacia la escritura del Mapuzugun. Departamento de Cultura y Educación, 2003.
-          Raguileo, Anselmo. Curso de Monitores para la Enseñanza de la Escritura de la Lengua Mapuche[3]. Guía Nº 1. Departamento de Comunicaciones, CAPIDE, 1989.


[1] Llevo varios años preparando un conjunto de poemas pensando en los niños de siempre, particularmente los de mi Saltapura. De ese proyecto fueron tomados los dos que se publican en “La palabra es la flor”.
[2] El azümchefe admite el uso de la “z”, lo mismo que Raguileo, en lugar de “d” (Unificado). Así el título debiera escribirse “Rayenhgey chi zungun” (Azümchefe), “Rayehgey ci zugun” (Raguileo) o “Rayenngey chi dungun” (Unificado). (Si estoy equivocado, háganmelo saber, por favor)
[3] Este folleto presenta correcciones – hechas a mano – por el mismo autor y fue facilitado por Ruby Raguileo, hija de don Anselmo.

lunes, 23 de abril de 2012

AYÜN


(Miriam Luz Torres Millan – Queilen – Chiloé)

Dibujo camawetos para ti
para tus ojos verdes

lo siento
mi pincel los dibujó en el aire

***

En tiempos de aguas turbias
busco tu vertiente
alimento tus mallines

te doy permiso
para humedecer este desierto

****

Déjame leer tu vientre
revivir tus aletargados pezones
subir tus mareas
en este cambio de luna

***

En esta noche
ñuke alen nos muestra
sus pechos abultados

quizás al amanecer
vea la espalda del chauanti

mientras recorto tu sombra
con dedos de madre

***

En: Huirimilla, Juan Paulo. Trafkiñdüngun: Intercambio de Palabras. Unidad de Cultura y Educación CONADI Dirección Regional Osorno, 2009.

CUANDO LOS TURISTAS TOMAN FOTOS EN COLORES


(Sonia Caicheo – Nercón – Castro)

Los hijos del frío
Juegan en bordemar
Mientras la casa navega
Recogen carminco y quilmahues
                        Huiros
Recogen botellas          tarros vacíos
Miren chicos lo que hallé

Manos partidas lienza
Cabello boca. Todo
huele a jurel a llanto empozado
                        de costanera sur
Una mujer
iza banderas tristes
en los cordeles de invierno
“Santo Santo Santo…”

Difícil que alumbre el sol
                        A pura lluvia
Ha de fondear los ojos
Y en silencio
Amarrar otro rosario
                        en las lumillas.

En: Huirimilla, Juan Paulo. Trafkiñdüngun: Intercambio de Palabras. Unidad de Cultura y Educación CONADI Dirección Regional Osorno, 2009.

MALOS SUEÑOS


(Sonia Caicheo – Nercón – Castro)

Porque ese día
Escrito estaba
Te embarcarías a toda vela
destino a las Guaitecas
                        En la frente
bandadas de gaviotas
giraron sin destino
El mismo viento
dio vueltas inútiles.

Qué diremos ahora, ese día

Pañuelo blanco
danzando tres compases
Y los ojos con duelo
            Qué diremos

Tú corazón se destapó
en la primera embestida
Mariposas con frío
saltaron de sus aguas

Sin guirnalda de sueños
            Qué diremos

Y estos cuervos
Tironeando las horas.

En: Huirimilla, Juan Paulo. Trafkiñdüngun: Intercambio de Palabras. Unidad de Cultura y Educación CONADI Dirección Regional Osorno, 2009.

LAMENTO


(María Huinao – Hualinto – Osorno)

En las hojas muertas
y los árboles caídos,
descansa la raíz de mi pueblo
el dolor aún lo trae el viento
de aquellos que a golpes
fueron sometidos

El huinca escupía fuego,
mis ancestros casi extinguidos
La Manuelita y José el pequeño
junto al fogón de la Ruka
dejaban oír su ruego

Pregúntale a la Araucaria
¿cuál era el pecado de mi pueblo?
Ser los dueños de esta tierra libre
y no animales de caza.
Lloraron,
hasta quedar sin lágrimas
los árboles perdidos

El invasor miserable y cruel
implacable en la conquista,
no respetaba la vida;
eran fieras insaciables.
Sus manos las traían repletas
de artimañas y mentiras.
Infectados de codicias,
podridos por la avaricia.

Las aguas lloran por siglos
y mancharon los esteros;
infectando los vientos
y el corazón de la loica
se desangró por entero.

Cada 12 de octubre
lloran las avecillas.
El maki se vistió de luto
y la mapu madre
revuelve su vientre,
para abrigar y no olvidar,
el dolor y la afrenta
de sus hijos perdidos.

En: Huirimilla, Juan Paulo. Trafkiñdüngun: Intercambio de Palabras. Unidad de Cultura y Educación CONADI Dirección Regional Osorno, 2009.