domingo 15 de enero de 2012

FISURAS


(Pablo Ayenao – Temuco)

CMPC desarrolla también en sectores rurales de la VIII y IX Región su Plan de Buena Vecindad. Este programa persigue colaborar con los vecinos de predios forestales en diversos ámbitos. Destacan: la entrega de becas anuales para que niños estudien la enseñanza media; el desarrollo de viveros forestales de escuelas rurales; cursos de tejido, costura, conservería, preparación de alimentos, manejo de sanidad de ganado, uso de invernaderos y plantas medicinales. Estas actividades junto a las iniciativas para generar empleos han beneficiado preferentemente a comunidades mapuches.

         Gonzalo García. Secretario general de empresas CMPC. Párrafo extraído de la presentación del libro “Adornos  en el espacio vacío” del poeta Gustavo Barrera Calderón.

Se creen los dueños de Chile.
Les han entregado tanta tierra que podrían hacer algo con ella.
Digo yo.
Trabajarla siquiera, pero nada de nada.
Es tierra perdida y últimamente tierra de nadie.
Son unos flojos rematados que se contentan con tener tres gallinas y un par de plantas, medicinales dicen, para sus ceremonias.
Pero de siembra y animales, nada de nada.
Y tienen tanta tierra que ahora son prácticamente los dueños de Chile.
Y la ley los protege y el gobierno también y les dan y les dan tierra y no la aprovechan.
Sólo les sirve para hacer esas ceremonias que nadie entiende, ni ellos, creo yo.
Más encima les otorgan tantas facilidades: educación, salud, becas para que estudien y así no quemen camiones ni asalten fundos.
Pero nada de nada, yo creo que les gusta destruir por destruir.
Detener el progreso, porque dime tú ¿quién va a progresar si anda conversando con las gallinas y las plantas?
Hay que echarles fertilizante y no hablar con ellas.
Pero nunca van a entender estos ignorantes, flojos, imagínate tú que hacen ceremonias sagradas que en realidad son borracheras.
Y se quejan más encima, si les hemos dado todo: tierra, comida, educación, vivienda. Tienen más facilidades que cualquier chileno y eso que ellos también son chilenos,
 igual que uno.
Ojala yo tuviera un apellido de esos para tener tantos beneficios.
Pero me castigaron parece.
Yo creo que los beneficios deberían terminar.
Si al final hay que dejarlos que se mueran de hambre, sólo entonces se darían cuenta que les deben todo a los chilenos.
En el fondo los mapuches son como los pobres.
No quieren progresar, es su naturaleza.
A unos les gusta ser flojos.
Y los otros son pobres porque les gusta ser pobres.

De: Ayenao, Pablo. Flúor Definitivo.

SIN TÍTULO


(Cristian Antillanca – Chaihuín – Corral)

Al despedirme
pensé en mis hijos
Dónde andarán _ hijos míos
en qué tarde
buscando ya sin fuerza un vientre en que habitar

Nunca tendré una casa en esta tierra
nunca una ventana
en la que ella se siente al atardecer
a mirar dulcemente
como si buscara a sus hijos

Todos los lugares de esa tierra
tienen un nombre
y de ellos sólo recuerdo
los pies que los caminaban
Me iba diciendo
antes aquí había una casa
una ventana
donde nos sentábamos a mirar la tierra

Aquí no seré más vacío
en que anden
las ánimas de los árboles talados
Ay, si te pudiera pedir
si te pudiera decir
envíame una carta
dime cómo está esa flor que da tan bellos frutos
si este año es el mismo color de la lluvia
que trae a los caballos que combatieron
en las praderas cansadas
dímelo
cuando las estrellas traigan a dormir
al gran monstruo de la noche bajo los manzanos
o cuando desde la ventana abierta al invierno
los cerros digan
el mar el mar el mar.

(inédito)

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Este poema me lo hizo llegar Cristian, a propósito de la invitación a participar del 5º Mingako Kultural (febrero 2011). Le acompañaba una carta breve. En ella, me pedía que lo compartiera; sin embargo, se quedó en el escritorio hasta el día de hoy, sin enviársela a nadie.

Ahora que ya estamos trabajando en la programación del 6º Mingako, me doy cuenta que no he respondido al pedido aquel. Vaya entonces, me dije, – este blog mediante – el poema en cuestión, para todos quienes gustan del trabajo de Cristian, y también para quienes aún no han tenido la ocasión de conocerlo.

martes 13 de diciembre de 2011

INVERTIDA, PARA QUE NO SOSPECHEN DE SUS INTENCIONES


(Erwin Quintupill – Saltapura)

En la puerta de esta ciudad
en que exiliado vivo
crucificarán su paisaje
que fue mío
y no es la cruz del sur
no
que ella nos pertenece
a pesar de los siglos
ni la de los 4 puntos cardinales
ni la de las 4 estaciones
que me entregan su alimento seducidas por la tierra.

Es ninguna de ellas.

Mucho menos
la que mis huellas formaron
de tanto y tanto caminar.
Es la misma que me trajo
el dolor y la vergüenza
la que se alza frente a mí
cuando salgo y cuando llego
escarbando con su base
la herida cicatrizada
que en mi corazón anida.

SIN TÍTULO


(Erwin Quintupill – Saltapura)

Cuando duermo apoyado en la dureza de tu cuerpo
es la tierra que vuelve a descansar
son los esteros que no dejan de brotar.

(Inédito)

SIN TÍTULO


(Erwin Quintupill – Saltapura)

Ustedes los expertos en música
historia, colores, rasgos,
cuentos, decires y documentos
leyes y acontecimientos no escritos
fotografías, letras y poesía
ustedes que saben de yerbas
y escriben
de cordófonos y semillas
ustedes
no saben que mi manta
está poblada de estrellas
menos aún
que el zorro se llevó tres pollos
ayer
ni que estuvieron interrogando
a dos pequeños hombres de la tierra
antes de ayer
en el camino por donde circulan
los suyos
y la autoridad.


(Inédito)

SIN TÍTULO


(Erwin Quintupill – Saltapura)

Fue como el paso de los ancimajeñ
Eso fue
Una bandada de malos espíritus
corriendo por el camino
bajando por el risco de la rinconada
y volviendo a subir
por los faldeos pelados de más al norte
Eso fue
Eso fue la noticia
de que te ibas a la milicia
a cumplirle a los chilenos
lo que no le debes
te dijo tu madre
cuando bajaste de la micro esa tarde
Tú sonreías por dentro
Tu rostro intensamente moreno se quedó en silencio
esperanzado.


(Inédito)

NIÑO CHILENO CON GUITARRA A PALOS


(Tamy Meulen – Santiago)

Allí
cuando te golpea tu padre y hace ¡paf!
su cachetada, su ceja ciñéndose marcando las cinco
de la tarde, del día, de sus cloacas chilenas no africanas
o del pesebre más remoto de sus pantalones descocidos
Allí, en la escenilla más oscura del teatro universal
sin casi sin pudor alguno
salen a ocultarse raudos los ciempiés
que nada entienden de nada de nada
y por lo mismo es que la vieja Queltehue prefiere dormirse
sin saber hasta qué punto podrá volar su cara rota
después de insistir, in fraganti, qué más da:
la vieja Queltehue desconoce si es en mi
o en si o en re sostenido al menor
la entonación la de la cuerda la adecuada
o de la oruga endurecida y atiesada
que retiene entre ceja y ceja
a propósito de la ceja de tu padre, que es mejor
llamarlo ahora gusano de gusanos
o lepra de lepras, sin ofender a los leprosos, por supuesto.

Por si acaso, te cuento que si te golpea tu ya dicho ese
a propósito de la Queltehue que olvidó
eso que pasó a la ahora del té
cerca de tu casa donde alguien te hizo ¡paf!
te contaré que en el nido de la vieja que ahora es madre
tres polluelitos de alma pura, como la de los travestis
puros de verdad, puros como los ya antiguos cigarrotes de la isla
tropical, cubana, puros de alma o puros cuentos
puras leseras dirán
pero no dirán ni una palabra los citados polluelitos
que desconocen, que no saben, que son puros, ya te dije.
Ahora bien, si por casualidad intentas sumergirte
en el mar rojo de tu sangre zamarreada
o en el negro oscuro de tu cuarto negro
ahora carcomido por los espantadizos
acurrucados, carcomidos ciempiés carcomidos
yo no sabré qué decirte
niño chileno con guitarra a palos
pues tú eres un polluelo más de la Queltehue
tú eres uno más de los que canta
sin saber de todo.

Y sí
aunque ya no exista algún sentido para decir sí
o aunque se hallen desaparecido todos los recuerdos
para vomitarles no, y a pesar del pesar
de todo eso que pasó como a eso de las cinco
casi al lado de tu casa donde alguien te hizo ¡pum!
Sí, aunque todo, aunque casi ya no duela
ese alguien es tu padre, niño sombra niño África
y tú sigues amándolo y tú sigues diciéndole
y tú sigues limpiando sus zapatos
y tú sigues bebiendo de su lepra
y tú sigues catándole tus cantos
a pesar de todo, a pesar que casi ya ni sangran sus patadas
y al ciempiés, aún así aún asá
nada le importan estas cosas
al igual que a la Queltehue vieja
que no ha dejado de mirar mis ojos
que no ha dejado de mirármelos como diciendo:¡Vete!
o yo me volaré otra vez
y otra vez me chuparé al gusano para regurgitártelo
de nuevo, a vuestros hijos
mis polluelos.

A quién le importa escuchar estas cosas
cuando la tole tole de la vida
qué pasaría si te digo
cuando la tole tole de la vida
qué pasaría si te digo
que la tole tole de la vida ha succionado
algo más que un par de ciempiés de tu tierra seca:
¡Cuidado! La Queltehue está mirando
la Queltehue cuando el niño sangra y llora
cuando sangran y lloran sus sueños de niño
su cuerpo de polluelo
y aún así sigue cantando sus canciones, a pesar que nadie
de nadie de ninguno acude, in fraganti, qué más da:
su padre lo enferma su lepra lo golpea ¡paf!
y la Queltehue llora a mese ¡paf! Y la Queltehue reza a picos
y todos chillamos y nos hacemos los buenos
a la mala a la mala nos hacemos los sensibles
pues son casi las cinco y es hora del té
qué pasaríasi te qué pasaría si te
que pasaría si te digo esto:
el niño chileno está mutándose en un hombre
y los ciempiés se ocultan
y la Queltehue duerme siesta.

Por si acaso, durmiendo sí está
con sus tres chicuelos
pero, en todo caso, cuando pasan los siglos
y el olvido inunda nuestra memoria de ciempiés
más vale que te lo repita de nuevo mil veces
una y otra vez: la vieja Queltehue desconoce si es en mi
o en si o en re sostenido al mayor
la afinación correcta para el canto del polluelo
porque aunque sea más que puro
hay alguien que lo enferma
allí, en esa esquina triste de su casa
allí, cuando lo golpea su padre y hacen sal
sus bofetadas, sus gritos bañándose en su zamarreada sangre
en sus heridas, en el rincón más pobre
de sus sueños descosidos
allí, o sea, en este instante
hay alguien que se oculta y como todos
no hace nada
de nada de nada
como todos siempre
qué más da.

¡Paf!
Silencio.
¡Paf! Resonó la cachetada del gusano golpeando a su hijo.
De pronto, de improviso, de golpe el golpe
pudo más que treinta Queltehues rezando.
In fraganti pillamos la lepra del hombre
su ceja marcando las cinco
de la tarde del té delató la escena
más obscura y frígida del teatro universal:
hay ahí y ahora un padre un hijo
y un destino que no más que lepra.
¡Paf! No hay respuesta.
¡Paf! Y no hay más que lepra.
¡Pum! Y los ciempiés nos hacemos los milpiés
para huir más rápido que ahora
y sí, allí, aunque no lo creas
el niño sigue amándolo
sigue aún chileno
sigue aún diciéndole
sigue tocando su guitarra
sigue cantándonos su canto:

“Para qué me escuchas
si después me guardas
si después me olvidas,
si después sigues tu vida
sin saber que ahora la escuchas
y después la guardas
y después la olvidas”.

En: Aliaga, Cristian. Escribir en la muralla. Poesía política mapuche. Ediciones del IMPC y Ediciones Centro Cultural de la Cooperación, 2010. Buenos Aires.