martes, 27 de noviembre de 2018

SIN TÍTULO




(Erwin Quintupill-Saltapura)

Mi lengua madre no es la castellana
Mi lengua padre no es el castellano

Mapuzugun pigey ta ñi ñuke zugun
Mapuzugun pigey ta ñi caw zugun

Y escribo en castellano porque cuando nací
mi lengua madre y mi lengua padre estaban prisioneros
Desde entonces, está siendo el tiempo de la liberación
Por eso, hablamos campuria
por ahora.

04.08.18

martes, 30 de octubre de 2018

SIN TÍTULO


He visitado las casas de varios viejos de mierda
Y también otras en que habitan lenguas venenosas
con cuidado infinito en este último caso.

Recorrí los egos más galopantes
Me quedé observando largamente a los viejos silenciosos
Me he bebido cuanto mate pelambrero
ha cruzado mi camino
como también los baboseados vasos de torneos de pelotas

La cháchara alegre de los antiguos mingako
fueron mis preferidas
como también el copucheo junto al ataúd de los marchantes

Allá al otro lado del mar, espero seguir mi camino de averiguador
de hombre que quiere saber los tiempos antiguos
para pensar el futuro.

En todos los sitios he hallado retazos de sabiduría con que vestirme
En todas las casas he encontrado un retazo de calor humano
En todas las voces de viejos de mierda hubo un poco de amable vivir.

SIN TÍTULO


Todo es memoria.
Lo porvenir, no existe.

SIN TÍTULO


Para cuando ya no esté
grita fuerte el afafan.
Así podré escucharte.
Yo estaré lejos, recuerda.

SIN TÍTULO


Odio la palabra chamán
huele a sótano oscuro
a catacumba de academia no ventilada.

miércoles, 7 de marzo de 2018

PRIMERA POESÍA




En rigor, mi primera poesía desapareció hace mucho tiempo. En mi opinión era casi poesía, y por ese motivo un día cualquiera decidí quemarla. Tenía algo así como 30 años, tal vez.

La que ahora les presento es el primer trabajo poético en serio realizado por mí. Era 1986, un año casi funesto en mi existencia. Estaba tocando fondo y con ganas de acabar con todo. Demasiadas frustraciones en todos los ámbitos. La peor de ellas quizás, el estar lejos sin tener clara conciencia de todo. Es tal la confusión a la que llega una persona cuando le sobreviene una depresión profunda, mortífera.

Sin embargo, allá por septiembre del año mencionado vi - en uno de los diarios murales de la AGECH[1] - una convocatoria sólo para profesores de todo Chile, a participar en el Primer Concurso Nacional de Poesía del Magisterio (o algo así). Recordé algunos ejercicios que me parecían buenos y los procesé, de acuerdo a las características del concurso. Y envié mi trabajo unos días antes de cerrar el plazo (noviembre de ese año).

En diciembre, pensé que quizás habría algo que hacer antes de despedirme de la existencia y me encerré un par de días seguidos para ordenar los libros, apuntes y mucho cachureo que tenía. Le comuniqué a mi amiga Patricia Ch. de mi decisión y a mi tía Guille. Me prestaron un bolso para la escasa ropa que tenía. Acarreé un par de libros y partí hacia Saltapura.

Ese verano (1987) me llegó una carta desde Santiago que estuvo atascada en Concepción un par de semanas. Allí decía que me habían otorgado el Tercer Lugar en el Concurso aquel y que podía ir hasta allá porque había un premio a entregar/recibir.

El trabajo se llama MAPUCHE EXILIADO EN CHILE; pero, lo envié al concurso con el nombre de “Mapuche residente en la ciudad”. Del jurado, sólo recuerdo que lo presidía don Martín Cerda. También recuerdo que Egor Mardones de Tomé obtuvo el primer lugar, junto a no sé quién. Había un profesor joven de Coquimbo y me olvido…

Ya de vuelta, en Saltapura, pensé y tomé la determinación de dedicarme a escribir por el resto de mis días.


***


Imagen: Carta que comunica resultado del Concurso.








EXILIADO EN CHILE


Erwin Quintupill


1986
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Recuerdos


Recuerdo 1: Manta



I

Mi madre y mi hermana
tejen la manta
bailan sus dedos
sus duras uñas
toman la hebra
blanca y teñida.



II

Allí
desde mis hombros
juega en el viento
envuelve mi cuerpo descalzo
saluda al sol.

Insolente, furiosa
frente a la lluvia y el viento
me abraza.
Las ovejas en fila
van hacia el corral.





Recuerdo 2: Pobreza



Madre, ñuke mía
no llores
padre ha dicho
que el maíz florecerá
que el trigo verde madurará.

Mientras tanto
vamos al sembrado
busquemos matas de yuyo
echemos las hojas
en olla caliente
y untadas de grasa olorosa
llenará el hueco de tu dolor.










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Exiliado en Chile




Nostalgia 1


Tierra
mi tierra
qué lejos te vas quedando
en silencio
te voy llamando.


Nostalgia 2


Mierda!
Qué solo me voy quedando!
Los hijos de la tierra se quedan solos
si les empujan a morir.

Qué solos nos quedamos
lejos de casa
de ti.



Hambre


Tengo hambre.






Quiero volver



I

Ahora que el sol se ha apagado
quiero volver
aunque allá tampoco brille
y nadie me reclame
ni los hombres, ni la tierra.
Quiero volver.


II

Que me recorra el invierno los cabellos
los pies, el barro, la humedad.
Que corra el agua en el camino
y las aguas bajen a beber.

No quiero seguir muriéndome de pena
sin que nadie me mire cuando paso
sin que nadie me salude cuando llego.

Acá donde estoy
todo ha muerto.
Y el aire no se deja respirar
y las frutas ya no saben bien
y me ríen
y me miran
y me duelen.




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Uno que no volverá




Manuel Melín


Cuando mataron a Manuel
algo se rompió
de nuevo en mi interior.

(¿Sería pequeño y moreno
o tal vez tuvo ojos claros?)

Todo es verde
las hojas y los tallos.
Delgados chorillos
reflejan el cielo
y me llenan los ojos
desbocándose.

Manuel, joven como yo
y de igual vocación
en mi sangre
encabritado
moría y nacía diez veces
en cada golpe que le dieron.









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Final




A los que me quitaron
el anaranjado amanecer
y sus aves que cantan
a los que me quitaron
la noche tibia
el brillo de sus estrellas
su inmensidad,
a los que me robaron
un pedazo de vida
parte del aire que requiero,
a los que se llevan a mi amor
dejándome solo,
les maldigo hasta el final del Universo.

La batalla perdida
la reinicio
por los siglos de los siglos
hasta vencer.



[1] Asociación Gremial de Educadores de Chile.

EL CEMENTERIO DEL FUEGO


(Javier Milanca – Valdivia)

A mi pueblo del sur: Los Lagos.

Ellos plantaron en la greda la sutil inercia de la muerte
Dejaron que el recodo sea memoria, que el cerro sea lápida atenta
Y que el río se convierta en lluvia los últimos suspiros del delirio

Y así fue que sobre el hueso y el cráneo aterido
Se desparramó el cemento ajeno
Y el paño verde de la maleza se cubrió con la telaraña de las casas.

Pero en  ciclo de lluvias lunares el fuego abraza las construcciones
hasta convertirlas en humo incierto
las lenguas rojas derriten en humo las maderas
las fotografías y las ventanas.
Es la venganza de los verdaderos hijos del arco iris
Que vuelven convertidos en seres crepitantes.

Nadie puede descifrar la premura de las llamas
en la incandescencia de la noche
Puede que de tanto incendio vuelva a reinar algún día
la soberana estirpe de las nalcas
Y los árboles vuelvan a entonar la canción de las ramas
Por sobre la pobreza de nuestros techos aplastados
Nosotros, no seremos más que el simple futuro de la nada.

Los Lagos: eres la flor de loto de un cementerio de antes
Convertido ahora en un molino de aspas tristes y humeantes
Tu razón de viejo eterno
Juguetea entre los astros de pies húmedos
Nosotros esperamos bajo las piedras mojadas
Que Pillán duerma la mona en el más allá
nos despierte en su averno
Y nos lance en la cara que toda eternidad comienza con la muerte
Y que a toda semilla también le precede la ceniza.

En: Susperregui, Xavier. Pueblo Mapuche. Poemas. Biblioteca de las Grandes Naciones. País Vasco, 2014.